domingo, 2 de julio de 2017

29/06/2017


Un bulevar en cualquier ciudad.

Recién pasó el invierno, el verano empieza a calentar el pavimento, no tanto como para impedir piruetas.
Los autos detienen su paso al ritmo del semáforo. En filas interminables de a cuatro carriles.
En esta ocasión Mi turno fue la primera en carril de la vuelta.
En esa espera busque a lo lejos un lugar para estacionar el carro.
Lo primero que vi fue la figura de un joven en su rutina, parada de manos, giros sobre su cabeza,
Brincos desde sus hombros a los brazos y manos para finalizar de pie con una caravana a hacia los distraídos e indiferentes conductores. Después el recorrido entre carros, de algunos cuantos salía una mano o algunos dedos para entregar monedas.
Mis ojos siguieron al joven hasta debajo del puente.
Sus manos se extendieron al recibir un bulto pequeño, la comida del día; servida por su  mujer-niña, quien lo recibió con un beso. El joven le echa una mirada a un bebé acostado sobre una chamarra en el piso; y su mano toca el embarazo de unos siete meses de la joven.

Cambia la luz a verde para dar vuelta y estacionar el coche.
El espejo retrovisor repite la rutina de un joven en la esquina...